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Para todos, de Mario Benedetti.

 

Esta mañana desperté emocionado 

con todas las cosas que tengo que hacer 

antes que el reloj sonara. 

 

Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante. 

Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener. 

 

Hoy puedo quejarme porque el día esta lluvioso 

o puedo dar gracias a Dios porque las plantas están siendo regadas. 

 

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero 

o puedo estar contento que mis finanzas me empujan 

a planear mis compras con inteligencia. 

 

Hoy puedo quejarme de mi salud 

o puedo regocijarme de que estoy vivo. 

 

Hoy puedo lamentarme de todo 

lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo 

o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido. 

 

Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas 

o puedo celebrar que las espinas tienen rosas. 

 

Hoy puedo autocompadecerme por no tener muchos amigos 

o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones. 

 

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar 

o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo. 

 

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a la escuela 

o puedo abrir mi mente enérgicamente 

y llenarla con nuevos y ricos conocimientos. 

 

Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar 

o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente, cuerpo y alma. 

 

Hoy el día se presenta ante mi esperando a que yo le de forma y aquí estoy, 

soy el escultor. Lo que suceda hoy depende de mi, 

yo debo escoger qué tipo de día voy a tener. 

 

Que tengas un gran día… a menos que tengas otros planes.

 

 

Mario Benedetti

El secreto de la felicidad…

Hay un estudio que salio de Richard J Davidson,  Psicologo de NYU con doctorado en Harvard, y básicamente esto es lo que comprobó:

        La causa (de la felicidad) hay que buscarla en otro lado, dice el jefe del estudio, Richard J. Davidson, y no es ningún misterio ni gracia divina: se llama plasticidad de la mente, es la capacidad humana de modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que elegimos entretener. Resulta que al igual que los músculos del cuerpo, el cerebro desarrolla y fortalece las neuronas que más utilizamos. A más pensamientos negativos mayor actividad en el córtex derecho del cerebro y en consecuencia, mayor ansiedad, depresión, envidia y hostilidad hacia los demás. O, como quien dice, más infelicidad autogenerada.

         Por el contrario, quien trabaja por pensar bien de los demás y ver el lado amable de la vida ejercita el córtex izquierdo elevando las emociones placenteras y la felicidad. Ricard advierte que no se trata de decidir ver la vida en rosa de un día para otro, si no de trabajar sistemáticamente en debilitar esos músculos de infelicidad que tanto hemos fortalecido creyéndonos víctimas del pasado, de los padres o del entorno y, en paralelo, comenzar a ejercitar los músculos mentales que nos hacen absolutamente responsables de nuestra propia felicidad (M. Ricard, En defensa de la felicidad, Ed.Urano). Al final, los resultados del estudio vienen a cimbrar los pilares de nuestra civilización consumista -donde el Prozac se vende cuatro veces más que el Viagra- porque confirman, ahora sí con pruebas científicas en mano, lo que humanistas y profetas de todas las épocas han venido diciendo sin que los científicos materialistas les dieran ni poquito crédito. A saber: que la felicidad es un asunto del espíritu que no depende de nada ni de nadie externo a la persona (Buda), que la clave para ser feliz mora en el interior de cada quien (Cristo) y que la felicidad o es un hábito o es el resultado de varios de ellos (Aristóteles).
 

      Millones de veces nos quejamos por las cosas mas inverosímiles, sin detenernos y darnos cuenta de lo que tenemos. Cuando me contaron esta teoría de la plasticidad, me dijeron que uno de los estudios que se hicieron fue ir a un hospital en NY despues de que pasó lo de las torres gemelas. Iban preguntando a las personas que se habian quedado parapléjicas del 1-10 como se sentían con respecto a su vida. Un señor que estaba cuadraplejico dijo que se situaba en un 8. Cuando le preguntaron por que, mencionó que ese dia habia podido abrir los ojos y ver a su esposa e hija por primera vez desde el  accidente. Cuando pudiera caminar estaría en 10.

¿Cuantos de nosotros podemos caminar, tenemos pareja, tenemos familia y nos quejamos por las cosas mas tontas? Hay que replantear la manera como vemos las cosas, y ser mas amables con los demás. Asi fortaleceremos nuestro lado izquierdo del cerebro y seremos mas felices.

Padre ¿no?



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